Por qué se produce la protusión discal y su mejor tratamiento

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Protrusión discal

¿Qué es una protrusión discal?

Una protrusión discal es una condición en la que el disco intervertebral, que es una estructura situada entre las vértebras de la columna vertebral, se desplaza hacia fuera de su posición normal. Los discos intervertebrales son estructuras compuestas por un anillo exterior fibroso y un núcleo central gelatinoso que actúan como amortiguadores para la columna vertebral y permiten su movilidad.

Se produce cuando el núcleo central del disco se desplaza hacia el anillo exterior fibroso y se proyecta hacia fuera, lo que puede causar presión sobre los nervios o estructuras circundantes. Esta condición puede ser muy dolorosa y puede causar síntomas como dolor de espalda, dolor en las piernas o debilidad en las extremidades.

La protrusión discal puede ser causada por varios factores, como el envejecimiento, el uso excesivo o el sobrepeso. También puede ser una consecuencia de una lesión o de una mala postura.

Función del disco intervertebral

Antes de explicar la diferencia entre protrusión discal y una hernia discal es importante conocer un poco a uno de los protagonistas de esta historia: el disco vertebral.

Conceptos básicos: el disco vertebral

El disco vertebral, según se explica en el libro “Lecciones básicas de biomecánica del aparato locomotor”, es quizás «la estructura anatómica de la columna que recibe una mayor atención, a excepción de la médula espinal».

En esta estructura se distinguen 3 partes: el anillo fibroso como capas de una cebolla que envuelve a una pelotita conocida como núcleo pulposo y la placa terminal cartilaginosa. Estas partes forman un sistema compacto, que participan en todos los movimientos y sufren todo tipo de fuerzas y cargas excesivas.

Cuando se produce una situación traumática, o el disco es sometido a tensiones repetidas a lo largo del tiempo, puede sufrir una degeneración de las fibras que rodean al núcleo pulposo, provocando la deshidratación de las estructuras, generando pequeños desgarros o fisuras discales.

Muchos deportistas famosos sufren de problemas de espalda. Uno de los casos más famosos de esta patología es el del futbolista Gareth Bale, con frecuentes problemas de columna.

¿Cuál es la diferencia entre hernia discal y protrusión?

Básicamente estamos hablando del mismo problema, pero en grados diferentes. La protrusión consiste en una degeneración de los discos, es decir, un abombamiento de las fibras que rodean el disco vertebral. Lo mejor, para prevenir las protrusiones, es mejorar la mecánica de la columna, reforzar la musculatura de la espalda y realizar sesiones de estiramientos y relajación.

Mientras que una hernia discal consiste en la salida de parte del núcleo pulposo a través de una fisura en las fibras del disco.

Hay varios factores que pueden aumentar la probabilidad de que aparezca una protrusión:

  1. Edad: A medida que envejecemos, los discos intervertebrales pierden elasticidad y pueden desplazarse con más facilidad.
  2. Sobrepeso u obesidad: El exceso de peso puede aumentar la presión sobre la columna vertebral y aumentar el riesgo de sufrir esta patología.
  3. Lesiones: Las lesiones o accidentes que causan daño a la columna vertebral, como una caída o un accidente de tráfico, pueden aumentar el riesgo de protrusión discal.
  4. Trabajos que requieren levantar objetos pesados: Aquellos que tienen que levantar objetos pesados ​​con regularidad, como los trabajadores de construcción o de manufactura, tienen un mayor riesgo debido al esfuerzo adicional que ejerce sobre la columna vertebral.
  5. Postura: Una mala postura, como sentarse con la espalda encorvada durante períodos prolongados, puede contribuir a la aparición de una protrusión discal.
  6. Genética: Algunas personas tienen una mayor predisposición a la protrusión discal debido a factores genéticos.

Es importante señalar que no todas las protrusiones discales son causadas por factores externos y algunas pueden ser el resultado de un proceso natural de envejecimiento o de una debilidad congénita de los discos intervertebrales.

Síntomas de la protrusión discal

Los síntomas de la protrusión discal pueden variar dependiendo de la ubicación del disco afectado y de la gravedad de la condición. Algunos de los síntomas más comunes incluyen:

  1. Dolor de espalda: El dolor de espalda es el síntoma más común de la protrusión discal y puede variar desde un dolor sordo y constante hasta un dolor agudo y punzante. El dolor puede ser peor al caminar o hacer ejercicio y puede irradiarse hacia las piernas o los brazos.
  2. Dolor en las piernas: La protrusión discal puede causar dolor en las piernas, especialmente en la parte inferior de la pierna o en la parte posterior del muslo.
  3. Debilidad o entumecimiento en las extremidades: La protusión discal puede causar debilidad o entumecimiento en las piernas o los brazos.
  4. Dificultad para controlar la vejiga o el intestino: En casos graves, la protrusión discal puede causar problemas para controlar los esfínteres urinario o rectal.

Hay que destacar que estos síntomas pueden ser causados ​​por otras condiciones médicas y es importante consultar a un especialista para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados.

A pesar de ello en muchos casos tanto la protrusión como la hernia discal son asintomáticas, es decir, no producen dolor. Según un reciente estudio publicado en una publicación científica (Brinjink et al, Am J Neuroradiology, 2015), aproximadamente el 40% de los adultos mayores de 20 años sufren algún tipo de degeneración discal. Estos porcentajes se incrementan a 50%, 70% y 80% cuando hablamos de adultos de 30, 40 y 50 años, respectivamente

La protrusión discal y su tratamiento

El tratamiento de la protrusión discal depende de la gravedad de la condición y de los síntomas que presente el paciente. Algunas opciones de tratamiento comunes incluyen:

  1. Medidas de cuidado personal: En la mayoría de los casos, se recomienda descansar y evitar actividades que puedan empeorar los síntomas. También se pueden utilizar medicamentos antiinflamatorios y analgésicos para aliviar el dolor.
  2. Terapias físicas: Las terapias físicas, como la fisioterapia y la terapia ocupacional, pueden ayudar a fortalecer los músculos de la espalda y mejorar la postura.
  3. Bloqueos de nervio: Los bloqueos de nervio, que son inyecciones de medicamentos en el área afectada, pueden ayudar a aliviar el dolor.
  4. Cirugía: En casos graves de hernia discal o cuando otros tratamientos no han sido efectivos, puede ser necesario realizar una cirugía pero en general en casos de protrusión, tanto en la prevención como en la rehabilitación del dolor de espalda, la mejora de la función muscular es y debe ser la base sobre la que construir la recuperación del paciente.

Es importante tener en cuenta que el tratamiento puede variar dependiendo de la gravedad de la condición y de los síntomas que presente el paciente. Es importante hablar con un médico para obtener más información sobre los tratamientos disponibles y decidir cuál es el mejor para cada caso individual.

Generalmente, lo que ocurre es que cuando el paciente padece un episodio doloroso, realiza una prueba diagnóstica, radiografía o resonancia magnética, y descubre que tiene una lesión. Lo que coincide es el momento del episodio de dolor y el momento en el que el paciente recibe la información acerca de su lesión. El error está en establecer, por ello, una relación causa efecto y no ahondar más en el mejor tratamiento.

Muchos pacientes operados de hernia discal, continúan padeciendo el mismo dolor después de la intervención. Esto ocurre, porque la hernia no era el causante del dolor.

Por otro lado, muchas personas, padecen dolor pero las pruebas diagnósticas no reflejan ninguna patología que “justifique” el dolor.

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